Pokémon: La Heredera – Capítulo 3

– Dratini, ¡usa Portazo! – indicó Dracma. La batalla contra el Scyther salvaje había comenzado.

Dratini intentó acertar de lleno a Scyther, pero la velocidad de su enemigo se lo impidió. Rápidamente, Scyther esquivó el movimiento y le asestó una Picadura que dejó a Dratini malherido. Dracma lo entendió. Scyther es un Pokémon conocido por su velocidad, y de alguna forma tenía que pararlo.

– ¡Ya sé! Dratini, ahora ¡paralízalo con Onda Trueno! – el movimiento acertó y la velocidad de Scyther dejó de ser un problema. Sin embargo, este volvió a atacar con Picadura, dejando a Dratini al borde del desmayo.

Dracma ordenó a Dratini usar Ciclón, para intentar hacer que el Scyther retroceda, cosa que no sucedió. Sin embargo, cuando Scyther iba a asestar el golpe final a Dratini, no pudo moverse por la parálisis.

– ¡Es el momento! – dijo Dracma, y a continuación le lanzó una Poké Ball al Pokémon salvaje. El Scyther entró, la Poké Ball cayó al piso… allí dio uno, dos movimientos y cuando parecía que iba a dar el tercero, Scyther se libró de ella.

– No puede ser… se lamentó Dracma mientras Scyther se abalanzaba contra su Dratini, para acertar una tercera Picadura y terminar por debilitarlo.

– ¡Oh no! ¡Dratini! – Dracma corrió hacia él. Rápidamente buscó un máximo revivir en su bolsa para reanimarlo, y cuando estaba por dárselo, escuchó un rumor detrás de ella. El Scyther estaba al lado de la Poké Ball de la que se había liberado instantes antes.

– ¿Qué haces? – preguntó ella. El Scyther, tímidamente tocó la Poké Ball con su guadaña derecha, lo que lo hizo entrar, la Poké Ball dio tres vueltas y ahí se quedó. Dracma quedó desconcertada.

– Lo he… ¿capturado? No lo entiendo. – Un segundo después, Scyther, aún paralizado, salió de su Poké Ball y miró con una sonrisa a Dracma.

– Parece que le he caído bien… – suspiró – Ven aquí, que te voy a curar de la parálisis.

Dracma restauró la salud de su Dratini y también la de Scyther, su nuevo Pokémon.

– He conseguido mi primera captura… – dijo emocionada. Dratini le mostró su contento y Scyther, aún tímido con su nueva entrenadora, volvió a la Poké Ball y no salió hasta llegar a Ciudad Plateada.

Dracma atravesó casi corriendo los aproximadamente novecientos metros que la separaban de Ciudad Plateada, y una vez allí, pidió una habitación en el hotel de entrenadores de la Ciudad para pasar la noche.

Mientras descansaba, Dracma jugueteó con Scyther, que resultó ser macho y muy amigable. El pokémuñeco que compró en la tienda le sirvió de entretenimiento a sus Pokémon mientras ella podía descansar.

Durante los siguientes días, Dracma y su equipo de 2 Pokémon recorrieron Ciudad Plateada hasta el hartazgo y entrenaron muy duro en la salida del Bosque Verde. Dratini estaba comenzando a hacerse fuerte, y a Scyther le resultaba fácil entrenar contra los bichos del bosque debido a su tipo Volador.

Luego de una semana, Dracma decidió que estaba lista, y enfiló hacia el gimnasio de Brock, que la recibió cordialmente.

– Sabía que vendrías a verme. Todos los líderes estamos al tanto de tu situación, Dracma, y te apoyamos en lo que necesites.- le dijo Brock.

– Si quieres apoyarme, lucha contra mí. – le dijo ella, para la sorpresa de Brock.

– ¿Y esto a qué se debe? – preguntó él.

– Decidí recorrer Kanto hasta encontrar a mi padre, pero no puedo hacerlo sola. Seré una entrenadora y junto a mis Pokémon encontraré a mi padre.

– Bueno, te ves muy decidida, a decir verdad. Está bien, podemos pelear, pero dime, ¿cuántas medallas tienes? – preguntó Brock

– De momento ninguna – se encogió de hombros Dracma – porque he ido a Ciudad Verde pero Azul me ha dicho que si quiero enfrentarme a él debo conseguir las otras 7 medallas antes.

– Bien, entonces usaré mi equipo para aspirantes que aún no tienen medallas. ¿Cuándo quieres que sea la batalla?

– Ya mismo, no tengo tiempo que perder. – respondió ella

– Vaya, veo que has heredado el carácter de tu padre – rió Brock. – Está bien, pasa. – El Gimnasio de Ciudad Plateada constaba de un enorme campo de batalla hecho de roca y tierra.

Ambos pasaron dentro y se posicionaron en sus lugares, y Brock anunció:

– Será un combate individual con 2 Pokémon cada uno, el primer entrenador cuyos Pokémon sean debilitados, será el perdedor.

– Me parece perfecto, ahora, ¡adelante, Scyther! – la flamante captura de Dracma sería su primer Pokémon en el combate contra Brock.

– Bien, yo utilizaré a Geodude, ¡ve! – dijo Brock

– Bien, si me permites, comenzaremos nosotros. Scyther, utiliza ¡Danza Espada! – Scyther obedeció y ejecutó el movimiento, lo que le permitió aumentar mucho su ataque físico.

– Okey, con que esas tenemos… – murmuró Brock – Geodude, utiliza ¡Tumba Rocas! – Dracma supo inmediatamente que, de caerle las rocas encima, Scyther no tenía oportunidad de salir de pie de esa.

– Scyther, ¡esquívalo! – Scyhter, ágilmente voló entre las rocas que caían sobre él. Sin embargo, fueron tantas, que una terminó por caerle de lleno en una de sus alas.

– Bien… – dijo Brock

– ¡NO! Scyther, resístelo, ¡por favor! – imploró Dracma. Tras unos segundos de incertidumbre, Scyther, aunque herido, logró incorporarse. – ¡Utiliza Demolición! – Scyther hizo caso, y conectó el ataque. Un movimiento súper efectivo contra Geodude, que recibió el golpe en medio de su cabeza.

– Scyther aumentó su ataque con Danza Espada, no hay forma de que Geodude resista esto… – sin embargo, Brock ni se inmutó, al igual que su Geodude, quien seguía firme en el campo de batalla.

– Geodude, ¡vamos, utiliza Avalancha!

– ¿Cómo ha resistido eso? – dijo Dracma incrédula – ¡Scyther, esquívalo!

Pero Scyther, que había recibido un golpe de Tumba Rocas, tenía su velocidad disminuida, y no pudo escapar de la Avalancha de Geodude, que acabó por debilitarlo.

– Oh Scyther… no pasa nada, ¡bien hecho! – le dijo Dracma devolviéndolo a su Poké Ball. – Espera un momento, ¿cómo puede ser que Geodude haya resistido la Demolición? ¡Scyther había aumentado su ataque y el tipo lucha es súper efectivo contra el tipo roca!

– Verás, Dracma. Las habilidades de los Pokémon son muy importantes, debes aprenderlo. Geodude tiene la habilidad Robustez, la cual le permite resistir cualquier ataque si tiene toda su salud, por eso ha resistido. – explicó Brock sonriendo.

– Ya veo, pero a ver si se libra de esta… ¡vamos Dratini, sal y usa Ciclón! – Dracma sacó a su segundo y último Pokémon, que rápidamente acabó con Geodude.

– Bueno Dracma, nos hemos quedado a uno contra uno, prepárate… ¡Es tu turno, Onix! – Brock sacó a su imponente Pokémon de casi 9 metros de altura.

– Wow, un Onix… no me imaginaba que fueran tan grandes… en la televisión parecen más pequeños… ¿cómo vamos a vencerlo? Piensa Dracma, piensa… – dijo en voz alta ella, aterrorizada por un panorama más que desalentador.

– Vamos, Dracma, ¡a darlo todo! – la alentó Brock

– Está bien, Dratini, ¡utiliza Ciclón!

– Onix, rápido, ¡Atadura! – con una velocidad sorprendente, Onix se abalanzó sobre Dratini y lo aferró a sí mismo con su cuerpo, impidiéndole realizar ningún movimiento. – ¡Oprímelo fuerte para que no pueda escapar!

– ¡Dratini, no! – gritó Dracma desesperada. Brock era muy astuto y a ella se le tenía que ocurrir algo para impedir la derrota. – ¡Utiliza Cola Férrea para liberarte de Onix!

Un movimiento brillante de Dracma. Dratini ejecutó el movimiento, y al hacer su cola de acero, Onix sufrió un daño súper eficaz del cual no pudo librarse.

– Onix, ¿estás bien? – preguntó Brock. Su Onix lo miró y comenzó a levantarse, pero Dracma no tuvo piedad, quería ganar a toda costa.

– Dratini, ¡no lo dejes levantarse! ¡Utiliza Cola Férrea! – los golpes de Dratini impidieron a Onix incorporarse, y lo dejaron al borde del desmayo.

– No tiraremos la toalla, Onix, ¡Terremoto! – Brock había dado en el clavo. Desde el piso Onix sacudió todo el terreno de combate, y Dratini no pudo evitar el daño.

-Lo tenemos, ¡Onix, repite el Terremoto!

– ¡No! Dratini, utiliza tu Ciclón para elevarte del campo! – ordenó Dracma.

– ¿QUÉ? – se asombró Brock. Increíblemente, Dratini usado su Ciclón en sí mismo para flotar por un momento y no fue golpeado por los temblores de la tierra. – No puedo creerlo…

– ¡¡Dratini, ahora dirige el Ciclón hacia Onix y cuando estés cerca de él lánzate encima con Cola Férrea!! – Dracma había ideado una jugada maestra. Dicho y hecho, Dratini se impulsó por los aires hacia Onix ante el asombro de Brock, y cuando lo tuvo cerca, saltó sobre él y le acertó una Cola Férrea en la cara que lo debilitó definitivamente.

– Diablos, Dracma… – dijo Brock mientras devolvía a su Onix a su Poké Ball, desconcertado. – Debo decirte que me han vencido muchas veces como líder de gimnasio, y de varias formas, con Pokémon de cualquier tipo que se te ocurra, pero nunca me habían ganado con un Pokémon súper débil a la Roca, y un Dratini. Te mereces mis felicitaciones, y por supuesto la medalla de mi gimnasio.

Dracma no podía creerlo. Desde hace unos días parecía que estaba viviendo un sueño: primero su padre no estaba, luego se había convertido en entrenadora, había ganado un combate en el gimnasio de Erika, había logrado capturar un Scyther y ahora había ganado una medalla oficial de gimnasio, ni más ni menos que contra Brock.

– G-Gracias, Brock, la verdad es que estoy un poco emocionada. – dijo, y quebró en llanto – Sabes, estos días no han sido fáciles para mí, y que alguien como tú me diga eso es impresionante para mí.

– No llores, chiquilla. Te esperan cosas grandes, aún más grandes que la que acabas de hacer. Esto es sólo el comienzo, te lo prometo. – le dijo Brock – Además, en este mundo nuestro tan grande, hacen falta fuertes entrenadores. ¡Debemos seguir entrenándonos para ser cada vez más fuertes! Toma, esta es la Medalla Roca, es toda tuya.

Dracma, aún con lágrimas en los ojos, le abrazó, le agradeció y se dirigió al centro Pokémon a recuperar a sus Pokémon. Sin embargo, cuando abrió las puertas del gimnasio, se encontró a un joven pelirrojo de su edad, que la miró seriamente y le dijo:

– Tú, te estaba esperando.

– ¿Quién eres tú? No te he visto en mi vida. – le dijo Dracma apartándose

– Me estás viendo ahora – le dijo él, pero a ella no le causó gracia, y siguió caminando hacia el centro Pokémon.

– Déjate de tonterías – Dracma había pasado de la emoción al malhumor en cuestión de segundos – ¿quién diablos eres?

El joven pelirrojo suspiró, miró al cielo y se dispuso a contarle su historia.