Pokémon: La Heredera – Capítulo 4

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– ¿Me acompañas un minuto al café de la otra calle? – pregunto el chico. Dracma aceptó. Una vez sentados, él se dispuso a hablar.

– Mira, me llamo Silver, pero seguro me conozcas por otra cosa. Soy el hijo de Giovanni.

– Giovanni… ¿el del Team Rocket?

– El mismo. Mi padre fundó el Team Rocket hace varios años, Rojo lo destruyó y un par de años después, cuando los ejecutivos altos del grupo intentaban refundar el grupo, Gold terminó por eliminar todo el Team Rocket que quedaba antes de que mi padre volviera.

– Ya, he oído las historias, aunque no sabía si todo lo que decían era verdad… – suspiró ella.

– Bueno, ahora lo sabes – río Silver.

– Sí… – contestó Dracma y se quedó callada. Se hizo un silencio incómodo donde ella no dijo nada, pues estaba desconcertada. ¿Por qué el hijo del más grande criminal que se había visto en Kanto la conocía?

– Perdona, que no te he dicho nada más. Sé que eres la hija de Lance, pero no sé tu nombre.

– Dracma, encantada – dijo mientras le extendía la mano.

– Bien, Dracma. Se nota a leguas que eres la hija del Campeón, son casi idénticos.

– No me lo habían dicho nunca – rió ella con sarcasmo. Silver ignoró la burla y contestó.

– Mira, te he estado buscando por un asunto un tanto… delicado, diría yo.

– A ver, dime.

– Yo sé que lo que voy a decir no suena lógico y parece una locura, pero tienes que escucharme. Eres la única persona que puede ayudarme.

– Silver, déjate de rodeos y cuéntamelo.

– Verás… hace seis años, cuando Rojo desmanteló al Team Rocket, mi padre era su jefe, como te he dicho. Sin embargo, no sólo eso, sino que también era el líder de gimnasio de Ciudad Verde.

– Lo sé, cuando terminó todo el tema de los Rocket tu padre dejó el gimnasio y lo tomó Azul – dijo ella.

– Así es. Luego de dejar el gimnasio, mi padre huyó de Kanto y nunca más se le volvió a ver. Sin embargo, tengo una sospecha de dónde puede estar.

– Antes de saber adonde puede estar, ¿por qué me lo cuentas a mí?

– Porque me temo que puede que tu padre también esté involucrado en esto, Dracma.

– ¡Sin duda! Estoy segura de que mi padre le está siguiendo la pista para encontrarlo y entregarlo a la policía – sonrió Dracma.

– Sí, bueno. Lo cierto es que no me refería a eso… Dracma, creo que Lance está colaborando con mi padre.

– Eres un maldito mentiroso, Silver. Mi padre nunca haría algo así, es la persona más correcta que conozco y además es quien manda en Kanto, no podría jamás hacer eso.

– Ay Dracma, qué ingenua eres, ¿sabes que hay algo que se llama corrupción, verdad?

– Qué ironía que lo digas tú, que tu padre era líder de gimnasio y también el jefe de un equipo malvado, ¿no?

– Dracma, no he venido a pelear, necesito que entiendas eso. Me he venido de Johto porque estoy seguro de que mi padre está aquí en algún lugar escondido, y que está trabajando con Lance.

– Lo siento Silver, pero no puedo creerte. Si mi padre mantiene algún contacto con el tuyo, seguro es para rastrearlo y atraparlo, nada más.

– Qué terca eres… – murmuró Silver. – Y si te dijera que tengo pruebas reales, ¿me creerías?

– Espero que sean buenas, porque si yo veo eso y sigo pensando que mi padre hace lo correcto, no dejaré que te acerques nunca más a mí.

– Vale, algo es algo, sígueme, vamos a Ciudad Verde.

Silver y Dracma volaron a las afueras de Ciudad Verde y aterrizaron justo afuera de una pequeña casa abandonada.

– ¿Esta casita es tu prueba? – preguntó ella.

– Vaya que eres ansiosa, espérate un poco. – Silver sacó una llave oxidada de uno de sus bolsillos y la introdujo en el cerrojo. La puerta cedió y ambos entraron. Dracma abrió los ojos como platos.

– Mierda… nunca me lo hubiera imaginado… – el interior de la casa abandonada era totalmente distinto a lo que se hubiera creído. Adentro había un PC con aproximadamente veinte monitores, en los que se veían mapas, direcciones, imágenes de personas e información sobre algunos Pokémon legendarios de regiones lejanas. El pequeño lugar estaba dotado de una tecnología increíble e impensada, si se veían solo los alrededores.

– Bienvenida al escondite del malvado Giovanni. – rió Silver – Es broma, está abandonado, quédate tranquila.

– Parece que tu padre dirigía a los Rocket desde aquí, ¿no? – preguntó ella.

– Así es, hubiera sido tonto creer que todo lo hacía desde el gimnasio, siendo un lugar tan importante en Verde.

– Ya veo – dijo ella, que no podía dejar de observar el lugar. Parecía una de esas guaridas villanas de las que tanto salían en las películas. – Sin embargo, no estoy viendo qué tiene que ver mi padre con el tuyo.

– Mira esto – dijo él mientras tomaba un pequeño CD y lo introducía en lector de CDs del PC. A continuación abrió los archivos del disco y reprodujo un video de unos quince segundos. – ¿Estás lista para la verdad? – preguntó.

– Siempre.

– Bueno, ahí vamos – Silver pulso play. El video estaba grabado por una cámara de seguridad de fuera de ese escondite, y se veía a Giovanni, con su característico sombrero negro, hablando de algo con Lance, para terminar con un apretón de manos entre ambos, y Lance yéndose en su Dragonite.

– Esto no significa nada, – dijo Dracma – me niego a creer esto. Estoy segura de que ese no es mi padre.

– ¿Estás segura o sólo no quieres creerlo? – preguntó él. – Mira, yo entiendo la imagen que tienes de tu padre, y no dudo que sea un gran hombre, pero te hablo por experiencia. De pequeño creía que mi padre era el mejor del mundo, y cuando me enteré que quería adueñarse de la región me negué a creerlo hasta que pude abrir los ojos y ver lo basura de persona que es.

– ¿Y cómo es que no lo creías y ahora lo odias? No lo entiendo.

– Desgraciadamente lo tuve que ver con mis propios ojos. Un día mató al Pokémon de un niño con un Hiperrayo de su Nidoking afuera de mi casa, mientras lo observaba desde la ventana. Fue horrible ver a mi padre así, tan frío, despiadado… asesino… – contó él – y si te he traído hasta aquí para mostrarte esto es porque no quiero que te pase lo mismo a tí.

Dracma asintió. No quería creerlo, pero ese chico le estaba hablando desde el corazón, y además había visto el video, prueba irrefutable de que su padre estaba en contacto con Giovanni.

– La verdad es que no sé qué decirte. Te creo… pero dime, ¿de cuándo es la grabación?

– De hace unos días, de la noche del 6 de mayo – dijo él revisando la fecha del archivo.

– Entonces todo me cuadra… el 7 de mayo me desperté y mi padre no estaba. Desde entonces no he sabido de él y me he decidido a recorrer la región para encontrarlo.

– Vaya, tiene mucho sentido. Sin embargo creo que aunque visitaras esta y otras siete regiones, no lo encontrarías por tu cuenta. Las personas poderosas como mi padre y el tuyo conocen todos los recovecos de Kanto, y sin una buena pista sería imposible encontrarlos cuando no quieren ser vistos.

– Entonces, ¿qué hacemos? No lo entiendo.

– De momento irnos de aquí y esperar, no sabemos cuándo algunos de los dos puede volver aquí. Tú sigue tu camino y cuando sepa algo nuevo te llamaré – le dijo Silver.

– Espero que todo esto sea real y no un tonto engaño para que te de mi número de teléfono – rió Dracma.

– Ojalá fuera tan sólo eso, – rió también Silver – vámonos de aquí.